¡Raindrops en Wattpad!

Capítulo 6: El secuestrador.

Me levanté a las diez de la mañana con la creciente luz que entraba por mi ventana. En España, solemos tener persianas que bajamos por las noches para que no entre la luz del sol; pero en Inglaterra las ventanas sin persianas permiten que entre toda la luz solar, por lo que es difícil no despertarse. Bueno, siempre hay excepciones, Helena seguía durmiendo como si llevara una semana sin pegar ojo.  Sé que debería esperar a que Helena se levante, pero me moría de ganas por salir, así que decidí que era mejor ir cuanto antes a conocer Londres.
Me vestí rapidamente para poder empezar cuanto antes. Cogí unos cómodos pantalones cortos, ya que hoy hacía una temperatura bastante agradable y una bonita camiseta de media manga color granate. Adoro ese color. Y cómo no, mis fieles converse cubren mis pies. Después de desayunar un bol de cereales, cerré la puerta de la entrada sigilosamente y salí en dirección al metro para poder ver la famosa ciudad de Londres.

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En menos de cuatro horas ví los principales monumentos y lugares famosos de Londres, ya que ver todo en menos de un día era imposible. Cuando pasé justo debajo del Big Ben, me impactó, pero realmente no lo veía como nada del otro mundo; pero cuando me fui al puente de enfrente del parlamento y pude ver una perfecta panorámica del Támesis con el parlamento y el Big Ben de fondo, pensé que no podía haber cosa más bonita en el mundo. El Londo Eye fue demasiado para mí. No pude subir, además de que había una enorme cola que ocupaba toda la calzada. Por lo demás, visité Trafalgar Square, Hyde Park y el precioso barrio de Nothing Hill. Me enamoré del enorme mercadillo que tenía lugar en Porto Bello.
Cuando dieron las dos de la tarde, estaba decidida a ir a casa. Por raro que parezca, tenía algo de calor. Había estado todo el día andando de arriba a bajo y tenía que volver a avisar a Helena de que me había ido y que estaba bien.
Iba por una calle tranquila, algo muy raro en Londres. Era una de esas pequeñas bocacalles que dan a parar a una calle más concurrida, pero en esta, no habíamos nada más que unas diez personas. Una ancianita que caminaba con dificultad unos metros por delante de mí tiraba con esfuerzo de un enorme carro de la compra demasiado lleno. Miré a toda la gente que había por la calle y no entendía como nadie se ofrecía a ayudarla. El carro estaba apunto de caérsele cuando conseguí cogerlo.
- ¿Me permite ayudarla señora? - dije levantando con fuerza el carro. Sí que pesaba.
A la anciana se le puso la cara blanca, como si estubiera intentando atracarla. Tenía arrugas por todos los pómulos y ojos, el pelo ya cano y unos ojos azules que en sus días serían realmente preciosos.
- ¿Señora? - pregunté intentando que reaccionara.- ¿Está usted bien?
- Si, perdona- dijo mirandome con desconfianza.
Caminamos durante varias manzanas y en ese tiempo, la señora no despegaba su mirada de mi cabeza. La miraba varias veces para intentar que se diera cuenta de cuánto me incomodaba, pero la anciana no parecía darse cuenta.
Comenzaba a arrepentirme de haberla ayudado, pero supongo que todos tenemos permitido ser raros alguna vez.
- Es aquí-  la anciana salió de su exhaustivo silencio e impaciente se dirigió a la puerta de su casa.
Abrió la puerta lentamente, tras varios intentos por meter la llave. Le subí el carro con dificultad por las escaleras que daban a la puerta. Me disponía a meterlo en la entrada de su casa cuando la señora lo cogió.
- Espera aquí, tengo algo para tí- dijo impaciente, pero ¿qué le pasa a esta mujer?- No te muevas ¿eh? - dijo con una sonrisa algo más amistosa, pero eso era lo que más me inquietaba.
- Aquí estaré- Cuanto antes terminara antes me alejaría de esa vieja chiflada. No entiendo que me pasaba últimamente con los ancianos. La señora de ayer del avión fue exactamente igual, solo que se quedó plácidamente dormida en mi regazo. 
Me apoyé contra la verja de su casa ya que la señora tardaba bastante. De repente, del leve ruido de los coches, ascendió un sonido más estridente. Se oían chillidos lejanos.
Pasaron varios minutos y la mujer no salía. No entendía por qué pero tenía la constante sensación de que alguien me miraba. Miraba a todos lados esperando encontrarme a alguien, pero la calle seguía vacía. Estaba apunto de irme cuando veo aparecer dos guardias en el comienzo de la calle.
- ¡Es ella agentes! ¡Es ella!- la anciana salío como por arte de magia de su casa, vociferando y señalándome con el dedo.
¿Pero qué decía esta mujer? Estaba definitivamente loca.
Lo que yo no me esperaba era que los agentes le hicieran caso y corrieran hacia mí.
No sabía como reaccionar. Las piernas se me habían paralizado. No llegaba a entender la situación, por lo que no tenía ni idea de si debía huir o quedarme quieta. Como si se hubiera teletransportado, una silueta apareció a mi lado y me agarró el antebrazo. No llegué a ver su cara, porque en cuanto me tuvo agarrada, echó a correr llevándome a mí consigo.
Solo podía ver su espalda, era un chico, eso seguro. Esa espalda no tenía la forma propia de una chica, aunque sus manos eran realmente suaves. Llevaba un gorro de lana color verde en la cabeza, pero aún así, pude percatarme de varios rizos que salían salvajemente de él. Tenían un bonito color marrón cobrizo. Giré la cabeza y ví a los guardias que nos perseguían.
El chico giró bruscamente en una calle y, tras cruzar varios metros, me apoyó contra la pared.
- ¿Pero qué haces? - chillé sin querer por el fuerte golpe que me dí en la espalda.
- ¡Calla! - me ordenó una voz profunda al mismo tiempo que unas manos rodearon mi cintura y me apretaron más contra la pared.
El chico, sin cortarse ni un pelo, bajó su cabeza hasta mi cuello y posó sus labios en él.
- ¡Serás cara dura! - volví a chillar intentando apartarlo de mí.
- ¡Calla!- Me repitió esta vez en un susurro ahogado.
Entonces comprendí, los guardias estaban acercandose a la calle. Cerré los ojos al mismo tiempo que agarraba la camiseta del chico, esperando pasar desapercividos ante ellos. Noté como el chico comenzó a simular pequeños besos por todo mi cuello. Realmente no llegaba a tocarme, pero sentía su aliento en mi cuello, y me ponía el vello de punta.
Podía oler con total perfección su fragancia. Tenía su pelo a escasos centímetros de mi nariz; olía a una mezcla de canela y vainilla. Me quedé prendada de su olor. Ni siquiera noté que los guardias nos miraban desde el inicio de la calle.
- Adolescentes. - Masculló uno de ellos al vernos y se alejaron dando fuertes pasos.
Yo, por mi parte, me quedé sola con aquel interesante desconocido.
Seguía completamente aturdida por la mezcla del exquisito olor del chico y sus "casi" besos en mi cuello. Cuando noté que se había apartado llevaba ya un rato mirándome.
- ¿Qué se supone que hacías? - farfullé intentando disimular mi rubor.
- No hace falta que me des las gracias, esos guardias te habrían llevado a comisaría sino fuera por mí. - Descubrí su voz. Su ronca, lenta, suave y reconfortante voz.
- Gracias. - mascullé mientras me colocaba mi camiseta. - ¿Contento?
- Mucho. - Capté cierta diversión en su voz. - Ahora debo irme.
Me fijé mejor en su aspecto. Llevaba los ojos cubiertos por unas gafas de sol, la chaqueta subida, pese a que hacía bastante calor, y el gorro cubriendole el pelo. Como había adivinado, era bastante rizado. Tenía aspecto de un famoso o un ganster. El pensamiento me hizo reir.
- ¿Qué te ocurre? - dijo extrañado al ver cómo me reía.
- Pareces un famoso o un ganster. - Volví a fijarme en su aspecto. - O algo por el estilo.
- Definitivamente no eres de por aquí.- Dijo sonriendo mientras se quitaba las gafas.
Y en ese momento, en ese preciso momento. Me enamoré de aquellos preciosos ojos verdes esmeralda que me recorrían con la mirada.

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