¡Raindrops en Wattpad!

Capítulo 8: Starbucks (Parte 2)

Pasaron las horas. Durante toda la mañana habían entrado un máximo de quince personas y ya me había terminado el libro que había empezado hacía dos dias. Miraba aburrida através de la ventana hacia la calle. Faltaban cinco minutos para cerrar así que... ¿Por qué no recoger?
Cerré toda la tienda y recogí la caja del día, la metí en un sobre y me preparé para llevarsela a la Señora McAllister.
Ella vivía a unas dos manzanas de la librería pero tenía ganas de caminar. 
El barrio en el que vivía mi jefa era uno de los más lujosos de todo Londres. Tenía comercios separados por toda la ciudad y más de 5 librerías de la gama "Dream a Book", por lo que dinero no le faltaba.
Me encantaba ir cada semana a llevarle las ganancias que habíamos recaudado. Al vivir en uno de los barrios más concurridos y lujosos siempre encontrabas a alguien interesante o a algún famoso al que admirar.
La primera vez que fui tuve la suerte de poder ver al actor Daniel Radcliffe. 

En unos veinte minutos llegué al complejo. Este estaba rodeado por un pequeño muro que me  llegaba a la altura de la cabeza. Sobre él, unas bonitas rejas de metal embellecido tapaban la vista del lugar. Se podía atisbar alguna que otra casa, pero a través de la puerta central lo que verdaderamente llamaba la atención era el bonito patio interior. Sludé al portero que esperaba paciente en su caseta interior.
- ¿Otra vez por aquí?- dijo con cara amigable.
- Si, me varás cada semana. ¿Está aquí la señora McAllister o ha salido? - dije apoyándome en la fría piedra para asomarme por la ventana de la caseta.
- Creo que está en su casa. Pero si no lo está me dijo que se lo dejaras en su buzón, para que no tengas que traerlo otro día.
- Vale, muchas gracias.- Dije dirigiéndome a la casa.
Toqué varias veces a la puerta pero nadie me contestó, supuse que mi jefa había salido. Crucé todo el complejo a través de los bonitos jardines llenos de álamos para dirigirme a los buzones. Era una pequeña caseta de cristal que contenía los 193 buzones que recogía el complejo. Busqué el número 124 e introduje el sobre.
Al girarme se me cortó la respiración. Fijé la vista al fondo del jardín y lo vi. Allí estaba, con sus perfectos rizos y su perfecta sonrisa. Se giró hacia mi escondite y aún sabiendo que no podía verme tuve el impulso de esconderme. Me disponía a hacerlo cuando oí una voz.
- ¡Harry!- dijo la voz femenina.
El chico giró la cabeza y lució su perfecta sonrisa a la vez que abría los brazos para acoger en ellos a una chica rubia.
Aunque parezca ridículo, me molestó que ese desconocido abrazara a la chica.
La chica, tenía un bonito vestido blanco que caía en pequeñas capas a ambos lados de su cintura. Encima era bonita. Esta, cogió de las manos a Harry y lo condujo hasta la salida donde mi vista no alcanzó a verlos.

Ya no tenía ganas de andar. Me fui al lugar donde comía cada viernes a tomar la deliciosa tarta de  chocolate que tanto me gustaba. 
StarBucks estaba bastante tranquilo esa tarde, pedí mi trozo de tarta.
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El chocolate.  ¿Para qué queremos hombres si tenemos chocolate?
Me senté en una mesa cercana a la ventana y me dispuse a probar la delicia que tenía delante de mis ojos cuando unas manos rudas se posaron sobre ellos.
- Nunca cambias.- Dijo una voz grave y familiar a mi oído. - El chocolate es tu debilidad.
- ¡Colin! - grité aún con los ojos tapados.
Me giré y vi esa preciosa sonrisa que contrastaba con su tez morena. ¿Para que quería yo lamentarme por un famoso al que ni siquiera conocía? Lo tenía a todo él para estar más que completa y feliz. Aparté mis pensamientos y me acerqué a besar los labios que tanto había echado de menos.

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