¡Raindrops en Wattpad!

Capítulo 40: Surprise.

Llevo más de media hora mirando como una tenue luz comienza a introducirse por los minúsculos huecos de la cortina. Estoy muy cansada pero mis ojos se niegan a volver a cerrarse y cada vez me cuesta menos mantenerlos abiertos sin tener que pestañear. Me sentía tranquila viendo los rayos del sol que se colaban por las aberturas de la ventana. No había mirado aún el móvil, supongo que no quiero ver ninguna llamada perdida de Harry; pero calculo que serán las 10 de la mañana. Me obligo a mí misma a abandonar la tranquilidad que me brindaba el nido formado por mi cama y los rayos del sol. Nada más tocar la moqueta con los pies noto el frío propio de esta época del año. En España los suelos están formados por algún tipo de piedra o madera, pero en Inglaterra la mayoría de las casas contaban con suelos enmoquetados, y yo agradecía este hecho. Camino lentamente hacia la ventana y me inclino sobre ella para poder ver mejor. Ha parado de nevar, pero aún así el cielo no está muy despejado.
Tengo aún varias horas libres hasta las cuatro de la tarde que sale el avión. Miro por toda mi habitación intentando encontrar algo que realmente valiera la pena hacer mientras tanto. Muestro más atención a los libros de la estantería que se encuentra en la pared que toca con el cabecero de mi cama. Una de las ventajas de trabajar en una librería es que, a demás de poder leer los libros mientras trabajas, puedes tomar prestados algunos, comprarlos y ver algunas novedades que llegan en primicia. Me subo a la cama y busco entre los libros algún título que me llame la atención. Después de unos instantes escojo "Orgullo y Prejuicio", sé que lo he leído un incontable número de veces, pero no tengo ninguna intención de hacer nada distinto a leer hoy.
Desciendo las escaleras al mismo tiempo que me pongo una chaqueta, ya que supongo que la casa estaba a una temperatura de bajo cero, o al menos, eso me parecía a mí. Había visto la sudadera de Harry en la maleta y aunque fuera lo más calentito que tenía a mano, había decidido no ponérmela. Hace más fácil el no llamarle ni mirar el teléfono.
Antes de ponerme a leer me dirijo a la cocina para ver qué puedo tomar para desayunar. Rebusco entre las estanterías en busca de algo de pan pero no encuentro nada. Helena y yo nos aseguramos de comernos casi todo antes de irnos para que nada se pusiera en mal estado. Encuentro unos cereales al fondo del estante. Son de mis favoritos, contienen varios tipos de cereales con avena y trocitos de chocolate. Caliento un gran tazón de leche, me siento en el sofá y enciendo la televisión en busca de algo interesante. Encuentro en uno de los canales la serie "Friends" y no puedo negarme a verla, siempre me había encantado. Era sencillamente una de las mejores series de la historia.
Y me enfrasco en un ambiente con una taza caliente de cereales ingleses con chocolate, Friends en la televisión y un fondo de nieve en la ventana.


Noto como cada músculo de mi cuerpo se contrae y se distiende con cada zancada. Mi cuerpo tiembla con cada paso y parece que todo lo demás también lo hace. Noto como el sudor cae por mi frente y por mi espalda, pero no me importa. Necesitaba esto, necesitaba aislarme de todo lo demás y forzar mi cuerpo para que dejara de querer romper algo. Pese a la música que llevo en los auriculares puedo oír el latido de mi corazón que se acelera con cada metro recorrido. Tomo la siguiente curva por Greenwich Park dejando atrás bancos cubiertos de nieve.
Cuando había salido de casa tenía los dedos entumecidos del frío y los músculos contraídos de la tensión acumulada. Había corrido como 2 kilómetros hasta llegar al parque y no tenía intención de parar hasta que toda esa tensión bajara. Se supone que si únicamente duermes 2 horas no te tiene que quedar mucha energía para nada más que estar tumbado en el sofá, pero yo no podía quedarme ni un minuto más en esa maldita cama.
Comienzan a aparecer pequeños fragmentos que parecen salidos de un vídeo en mi mente. Veo unos ojos rojos después de haber llorado que desaparecen detrás de una puerta. Veo mis manos agarrando el pomo de una puerta que nunca llegó a ser abierta. Veo mi cama vacía después de las 6 de la mañana.
Involuntariamente acelero el paso hasta el punto de que siento como el aire frío choca con mi cara. Mantengo este ritmo hasta que esas imágenes desaparecen de mi cabeza dejando paso únicamente a la música que resuena estrepitosamente en mis oídos y a la sensación que produce la adrenalina cuando llegas a ese punto del ejercicio en el que se dispara.
Puedo ver como el Tamesis algo congelado circula por mi lado y la vista me hace aminorar un poco el paso. Me venía bien hacer ejercicio. Después de todo el embrollo con Claire el día anterior mi cuerpo se había quedado cargado de enfado y decepción. Creo que la decepción es por parte de mí mismo, por permitir semejante situación, por no controlar el enfado y hablar como alguien razonable y sobre todo por no dejar de lado el orgullo y haber ido en busca de ella. Todo esto hacía imposible que pegara ojo esta noche.
Me senté en la cama con la esperanza de que el sueño me venciera. Me sentía terriblemente cansado pero los ojos no se me cerraban, estuve leyendo un libro hasta las 7 de la mañana cuando por fin mis ojos necesitaron un descanso. Pero a las 9 ya estaban abiertos de nuevo y podía contemplar perfectamente el sitio vacío a mi lado. No pude. He saltado de la cama en cuanto he podido, me he enfundado unos pantalones y una camiseta, me he puesto las zapatillas, he tomado el desayuno lo más rápido que he podido y he salido corriendo de casa como si me fuera la vida.
Ahora eran al rededor de las 11 de la mañana y la gente comenzaba a salir a la calle. No quería que nadie me viera, por lo que aumento un poco el volumen de ejercicio y me esfuerzo por terminar la vuelta al parque para después dirigirme a casa.
No paro de correr hasta que estoy en la puerta que da a la entrada del bloque de pisos. Y aún así, decido subir hasta mi piso por las escaleras. Cuando cierro la puerta detrás de mí es cuando finalmente me detengo. Noto en cada fibra de mis músculos la sangre recorriendo mis venas y arterias. Al parar un ejercicio tan intenso de repente noto como mi vista se nubla un poco con cada latido pero hago caso omiso y me dirijo al cuarto de baño.
Siento como la camiseta se pega a mi espalda por el sudor y como algunos de mis rizos están mojados y fríos de haber estado expuestos al aire helado de la calle. Entro en el baño y me quito la camiseta sin prestar mucha atención a lo demás; me deshago del resto de ropa que quedaba en mi cuerpo, lanzo las zapatillas lejos de mí y me meto a la ducha. El agua está tan caliente que siento como me arde la piel pero no me importa, recorre todo mi cuerpo llevándose todo el malestar consigo y logro encontrarme algo más relajado. Las gotas de agua descienden por mi piel como si compitieran por quién llega antes a la meta. Paso la esponja cargada de jabón por mi piel y vuelvo a enjuagarme. Esta vez paso mucho más tiempo bajo el agua, mirando mi reflejo en el cristal que tengo en frente. Observo cómo mis rizos, ahora algo más lisos, chorrean agua por toda mi cara y esta desciende por todo mi rostro hasta mis labios. Por primera vez veo las ojeras que han provocado una mala noche. Pero supongo que, de nuevo, no me importa.

Salgo de la ducha y agarro la primera toalla que encuentro. Seco cada zona de mi cuerpo y me lío la tela alrededor de la cintura. Justo cuando voy a salir del baño oigo como alguien me llama al móvil. Un nombre cruza mi mente pero lo desecho rápidamente. Somos demasiado orgullosos, ambos, para dar nuestro brazo a torcer. La llamé ayer por la noche, pero para preguntarle si necesitaba alguien que le llevara al aeropuerto.
-          -¿Diga? – contesto expectante pese a que me he repetido a mí mismo que no es la persona que esperaba.
-          -¿Harry? Soy Phil, llamaba para recordarte que esta tarde tenéis entrevista con varias emisoras de radio. 
-          -Si, Phil, no lo había olvidado. – Digo algo desilusionado. ¿Seré estúpido?
-          -Debes estar listo para las seis de la tarde. ¿Quieres que pasen a recogerte? –
-          - Si, vale. ¿La primera es Sirux no?
-          -Sí, muchas gracias y que pases buena mañana. – Dice justo antes de colgar.
“Sí… una buenísima mañana.” Digo para mis adentros antes de colgar el teléfono. Me dirijo hasta mi cuarto derrotado, doliéndome cada músculo por el esfuerzo realizado. Cuando llego a la cama me lanzo sobre ella y tapo mi cuerpo con las sábanas. Procuro no acostarme mirando al otro lado de la cama. Ya bastante tengo con el dolor de cuerpo.

Me recuesto en el sofá con el libro medio cerrado para no perder la página. Miro al techo como acto reflejo. Encuentro numerosas semejanzas en cuanto a la situación de los protagonistas del libro y mi vida real. Tanto el Señor Darcy como Elisabeth son demasiado orgullosos como para decirse el uno al otro que pese a lo mucho que chocan, se quieren con locura. Podría asemejar la historia con la mía con Harry; claro que, el señor Darcy se tragó su orgullo y fue a decirle a que pese a todos los defectos que tenía la amaba con lo más profundo de su alma. ¿Quién puede rechazar semejante oferta? Y si además lo hace en uno de esos templitos pequeños de jardín, en un paraje inglés de en sueño y con lluvia de fondo, ni la mismísima reina de Inglaterra podría rechazarle.
A veces pienso que debería haber nacido en otra época. Aquella en la que todo era más puro, educado, sensible… La gente ahora no tiene respeto por las cosas. En aquella época todo el mundo actuaba con respeto hacia el prójimo, aunque fuera criticándolo después a sus espaldas. El romanticismo era algo que realmente existía en aquellos tiempos. Si no eras una de esas pobres muchachas a las que obligaban a casarse con un cincuentón de barriga cervecera y menos pelo en la cabeza que atractivo. No, realmente no era todo maravilloso en aquellos tiempos.
Son las una y media de la tarde. Doblo un poco la parte superior de la página del libro y lo dejo en el sofá. Vuelvo a buscar entre los estantes algo comestible que poder llevarme a la boca. Encuentro un vaso con fideos chinos precocinados y, aunque es lo que menos me apetece comer ahora mismo, decido cocinarlos, más que nada porque no hay otra cosa decente. Pongo a calentar el agua en la olla y subo las escaleras para darme una ducha antes de comer.


El fuerte sonido de un móvil me despierta del profundo sueño que llevaba a cabo. No consigo abrir los ojos pero el maldito móvil no para de sonar. ¿Por qué no se apaga de una vez? Estoy a punto de lanzarle una almohada pero me controlo. Voy palpando con la mano la cama hasta llegar a la mesita de noche pero cuando toco mi móvil me doy cuenta de que no es el que suena. Suelto un bufido y saco de entre las sábanas la otra mano, aún perezosa, y voy toqueteando la cama para llegar a la otra mesita de noche. El problema es que en mitad de trayecto me encuentro un cuerpo tumbado a mi lado. Abro los ojos de par en par y me incorporo un poco para mirar a mi acompañante. Tengo todo el pelo delante de la cara así hago lo que está en mi mano por controlarlo y poder mirar. Veo a Niall profundamente dormido con el brazo extendido por encima de donde yo estaba tumbada.
Una sonrisa tonta asoma por mi cara, pero nuevamente el móvil vuelve a sonar. ¿Cómo puede no despertarse? Me lanzo encima suya suavemente para poder alcanzar el móvil; al hacerlo, comienza a emitir ruiditos.
-          -¿Quién es? – Digo algo cansada.
-          -¿Niall? Bueno, es obvio que no eres Niall… ¿Te importaría pasármelo por favor? – dice una voz masculina desde el otro lado del teléfono.
Giro un poco la cabeza para ver cómo se encuentra el susodicho. Se estaba esforzando por abrir los ojos pero, al igual que a mí le estaba costando. Otra cosa más en común, adoramos dormir. Tapo el móvil con la mano y me acerco hasta él para darle un sabe beso en los labios.
-          -Buenos días – susurro aún cerca de sus labios. – Te buscan por esta zona. – digo señalando al móvil.
Niall suelta un bufido y se pasa las manos por los ojos. Alarga su mano y coge el móvil pero antes de contestar alza un poco la cabeza para devolverme el beso. Él contesta el móvil y noto al instante que son cosas de trabajo porque se pone algo más serio, pero sigue sin disimular la voz de dormido. Me levanto de la cama para ver la hora que es en mi móvil pero caigo en la cuenta de algo, estoy desnuda. Me doy cuenta demasiado tarde porque noto como Niall ha dejado de hablar de repente y me mira fijamente. Busco corriendo algo que ponerme cuando veo la camisa de Niall y sin pensarlo me introduzco en ella y me pongo mis bragas. Cuando termino de abrocharla me giro hacia él antes de salir por la puerta.
-          -Esto son buenos días. – pronuncia con los labios levemente y me guiña un ojo. Noto como mis mejillas arden pero suelto una carcajada. Parece que la persona que está hablando con él por teléfono ha dicho algo importante porque cambia la expresión – Si, si, Phil, ¡Claro que te estaba escuchando! … ¿Hoy a las cuatro?... Está bien, quizás no te estuviera escuchando…
Me río de nuevo y cierro la puerta detrás de mí. Me dirijo a la cocina a por algo de comer, son casi las dos y media de la tarde y ya lo que el cuerpo pedía no era un desayuno, sino un almuerzo. Rebusco entre la comida que tiene Niall en el frigorífico y encuentro algo de beicon y pollo, lo saco con cuidado y lo pongo en la encimera. Continúo buscando pero no veo nada que pueda acompañarlos. Podría hacer algún tipo de puré, pero sinceramente, no creo que ninguno de los dos tenga ganas de ponerse a cocinar ahora. Miro en el congelador y encuentro una bolsa de patatas congeladas. Genial.
Pongo la sartén con algo de aceite y comienzo a cocinar el pollo y el beicon por un lado y en la freidora pongo las patatas fritas. Recuerdo haber visto una lechuga en el frigorífico así que la saco para hacer una pequeña ensalada. Mientras la parto con el cuchillo noto como unos brazos me rodean la cintura.
-          -Oh dios mío. ¿Eso que huelo es beicon? – susurra Niall en mi oreja. Como respuesta levanto la tapa de la sartén para mostrarle su contenido. Oigo como suelta un gemido. - ¿Te he dicho alguna vez que te quiero?
Me río mientras que me da pequeños besos en la base del cuello.
-          -Estoy haciendo una ensalada. ¿Crees que será demasiado o tienes suficiente hambre? – Digo mientras continúo picando la lechuga.
-          -Yo tengo muchísima hambre ¿Tú no?
-          -Yo también, por eso he cogido la ensalada. – Digo riendo.
-          -Normal… Tenemos que reponer fuerzas. – Dice mientras coge algunos platos de la encimera que tengo justo al lado.
Lo miro abriendo mucho los ojos pero a la vez sonriendo por la ocurrencia que acaba de soltar por la boca.
-          -¿Qué? Lo decía por la fiesta. – Dice intentando disimular ante mi mirada de sorpresa y al mismo tiempo levanta dos platos como si estuviera encogiendo los hombros.
Le pego un codazo cuando pasa por mi lado.
-          -¿Quién ha llamado antes? – le pregunto al mismo tiempo que meneo un poco la carne.
-          -Phil, dice que tengo que estar esta tarde a las seis en una emisora de radio, una entrevista. – Dice algo asqueado.
-          -Bueno, no importa. De todas formas y tengo que volver hoy a Irlanda con mi familia. Podemos quedar otro día antes de año nuevo, si su apretada agenda lo permite. – Digo mirándolo con cara irónica.
-          -¿Quieres que le pida a Paul que nos deje otra vez el avión? – Dice mientras se lleva un trozo de carne que ha cogido de la sartén a la boca.
-          -No cojas más de la sartén y espera a que la saque, bruto. – Le riño con la cuchara de madera en la mano. – No, cogeré un avión normal. Llevo haciéndolo toda la vida, no creo que me vaya a pasar algo ahora. –Digo mientras enarco una ceja.
Cojo la sartén y sirvo su contenido en los dos platos, después añado las patatas. Llevo los platos a la mesa donde ya está sentado Niall con la ensalada en el centro.
-          -Espero que no te hayas equivocado con la sal y le hayas echado azúcar. – insinúa Niall con cara pícara.
Le doy con la cuchara caliente en sus piernas desnudas y pega un gritito.
-          -Se cocinar, Niall. – Digo mientras me siento sacándole la lengua.


Entro por la puerta principal del aeropuerto con mi equipaje de mano y mi mochila a la espalda. Observo como la gente corre ajetreada por todos los pasillos y otros intentan encontrar su camino hacia el vuelo. Yo adoraba los aeropuertos. Todo aquel ambiente iba relacionado con viajar, y esa mínima sensación me encantaba. Me dirigí hacia la zona donde sacabas el billete y, tras hacerlo, me coloqué frente la primera pantalla de vuelos que encontré y busqué el próximo vuelo que iba hacia Granada. Eran las dos y media, faltaba todavía hora y media para que mi vuelo despegase pero no tenía ganas de quedarme en casa estando tan vacía, y me gustaba llegar con tiempo.
Paso por la zona de detectores colocando la mochila, la maleta y el móvil en la cinta negra. Como siempre, cruzo los dedos antes de pasar por el detector, y esta vez, el policía encargado se da cuenta de mi acción. Veo como suelta una pequeña carcajada y me hace una pequeña inclinación con la cabeza para que me aparte de la zona del detector. Aliviada voy a por mi maleta que, afortunadamente, tampoco ha tenido ningún problema.
Busco entre los carteles del aeropuerto la puerta B para dirigirme hacia ella. Me detengo en algunas de las tiendas que hay por el camino para hacer algo de tiempo, pero realmente no compro nada. Cuando dicen la puerta de embarque de mi vuelo, me dirijo a ella sin pensarlo y espero paciente mientras veo como se acumulan cada vez más personas detrás de mí.
De repente noto un leve tacto en el brazo que me hace girar la vista. Un hombre con el pelo ya cano y unas pequeñas gafas me mira con unos ojos dulces.
-        - Disculpe señorita… ¿Le importaría donde puedo mirar mi número de vuelo? – Su voz es entrañable, me recuerda a mi abuelo por la voz suave pero grave a la vez. Caigo ahora en su mujer, que se encuentra a su lado. Es una señora también con el pelo algo cano y  que va vestida con un bonito vestido con el estampado tropical.
-        - Por supuesto. – Le dedico la mejor de mis sonrisas y le cojo el billete que sostiene en la mano. Le señalo el número de vuelo que se encuentra en la zona superior del billete. – Mire, está usted en el sitio correcto. Este es su avión.
El hombre le hace una señal a su mujer para que se acerque. Y pese a que sé que los demás pasajeros pueden lincharme intento colarlos delante de mí sin llamar mucha atención. Giro la cabeza y veo algunas caras largas pero nadie dice nada. Mientras esperamos a que abran las puertas, contemplo a la bonita pareja delante mía.
Cuando por fin estamos en dentro del avión, me siento en el asiento al lado de la ventana y espero a que todo el barullo de gente se coloque en el avión. Me hubiera gustado que la pareja de antes se hubiera sentado a mi lado, pero ellos tenían asientos reservados en la parte delantera. Un hombre y una mujer se sentaron en los dos asientos a mi derecha, pero no parecían pareja.
Una vez que toda la gente estuvo en su sitio el avión comenzó a despegar. Llevaba bastante tiempo sin volar, desde que vine a Londres hace más de medio año, pero siempre me daba la misma emoción ver como nos elevábamos sobre el suelo y cada vez se hacían más pequeñas las cosas del suelo. Como escapábamos de un lugar del mundo para llegar a otro en cuestión de horas.

Me miré en el espejo intentando colocar un poco mi pelo, que al no haberlo secado estaba completamente incontrolable. Paul estaba ya abajo con los demás esperándome en el coche, así que debía intentar que mi maldito pelo se quedara de alguna forma decente antes de ir a ningún sitio. Lo tenía bastante largo, normalmente, a estas alturas ya me no habría cortado. Cogí el primer pañuelo que encontré en el armario e intenté colocarlo al rededor de mi cabeza a modo de goma para el pelo. O lo más parecido. Me miré al espejo para comprobar el resultado.
- ¿Pero qué pasa contigo, Styles? - me digo a mí mismo mientras me observo al espejo.
Pese a que parezco un hombre con turbante que intenta venderte algo en un mercadillo de mala muerte, me siento bastante cómodo con el pañuelo en la cabeza, sin tener que estar apartándome todo el rato el pelo de la cara. Cojo mi móvil y la libreta que me regaló Claire por navidad, había empezado a escribir cualquier gilipollez que se me venía a la cabeza, y salgo por la puerta.
Estaban todos esperando en el coche cuando por fin bajo hasta donde está esperando Paul. Abro la puerta de atrás y me siento al lado de Liam.
- Joder Harry, ¿Qué te has hecho en el pelo? - Soltó en cuanto puse el culo en el asiento.
Todos los demás que estaban o hablando entre ellos o con sus móviles levantaron la vista hacia mí.
- No me juzgues Liam, te juro que tú no podrías haber hecho nada mejor por mi pelo hoy. - me coloco el cinturón al rededor de mi cintura intentando no mirar a nadie para que no se notara mi falta de humor hoy.
- Pareces una especie de mercader turco o algo así. - dice Louis mientras ríe desde el otro lado del coche. El resto se ríen con él, y reconozco que consigo sonreír un poco.
- Cállate Louis, que consigues un año más y ya te crees con demasiada superioridad para juzgar sobre cabellos. - dije algo más relajado.
Tras esto, el ambiente volvió a la normalidad y cada uno gastó su tiempo en el coche como quiso. Por mi parte, me quedé mirando por la ventana el Londres cubierto de nieve. Noté una mirada fija en mí e intenté mirar discretamente. Era Niall.
Estaba con los codos apoyados en las rodillas y las manos cogidas. Me miraba como si intentara meterse en mi cabeza.
Cuando se dio cuenta de que lo miraba esbozó un "Are you OK?" con la boca. Paré de jugetear con los dedos de mis manos, que supongo que era lo que me había delatado y traté de responder con un convincente "I'm fine" que por su cara, supongo que no tuvo nada de convincente.

Estaba esperando en la zona de recogida de maletas del aeropuerto, ya en Granada. Nos habían acumulado a todos en la zona por alguna razón que desconocíamos. Supongo que tenían que arreglar la salida de algún vuelo o había habido algún problema con algún pasajero. Aproveché para llamar a Helena, no le había dicho nada de lo sucedido la noche anterior con Harry y estaba preocupada porque llegara a casa y se encontrara cosas fuera de sitio.
- ¿Helena? - pregunté cuando se descolgó el teléfono.
- ¡Buenas tardes! - Me contestó su voz conocida desde el otro lado.
- ¿Qué tal llegaste ayer de la fiesta? - dije mientras apartaba un poco la maleta para dejar pasar a la gente.
Por lo que me contó, su noche había sido mucho mejor que la mía.
- ¿Y no has hablado con Harry desde anoche?
- No, supongo que quería quitarme todo lo del vuelo de encima. Lo más seguro es que lo llame cuando llegue a casa. Más que nada para intentar no acabar tan mal cuando no nos vamos a ver en dos semanas.
Hubo un silencio detrás de la línea, entre que yo no estaba del todo animada y Helena estaba distraída en otras cosas, la conversación no tenía ya mucha vida. Entonces oí varias voces desde el otro lado del teléfono.
- Helena, ¿dónde estás?
- Espera un momento, los líquidos que puedes llevar en la maleta pueden ser de más de 50 ml ¿no?
- ¿Estás en el aeropuerto? - dije riendo. - Sí, pueden llegar hasta 100 ml.
- Gracias. Y sí, estoy en el aeropuerto. - Podía oír a toda la gente detrás. El aeropuerto de Londres siempre estaba abarrotado. - Acabo de pasar por el detector de metales.
- ¿A qué hora tienes que estar en el avión? - Dije mirando mi reloj. Las seis y veinte de la tarde.
- Bueno, técnicamente el avión sale a las y media. - dice ella de lo más tranquila.
- Helena... TIENES MENOS DE 10 MINUTOS PARA LLEGAR AL AVIÓN. ESTAS EN LONDRES, CORRE. - grito sorprendida desde el otro lado del teléfono.
- Será posible. Que lo tengo todo controlado... - hay una breve pausa. - Yo quería ir a Dublín ¿verdad? Entonces me parece que no voy bien por aquí. Pone Berlín.
Me estaba poniendo de los nervios. Menudo desastre. Pero no pude evitar reírme.
Oigo como la maleta de Helena chirría al dar la vuelta.
- Bueno, digo yo que tendrán que esperar un poco ¿no? - dice desde la otra línea, pero aún así sigo sin notar que esté corriendo ni que se ponga nerviosa para nada. - Claire, voy a intentar llegar a Dublín a una hora decente. Te llamo cuando llegue.
- Ten cuidado, y por dios corre un poco. - digo riendo desde el otro lado.
- Recuerda que correr es de cobardes. - dice justo antes de cortar el teléfono.
Sigo riendo después de que corte el teléfono y me doy cuenta de que ya han abierto las puertas. El aeropuerto de Granada no es muchísimo más pequeño que el aeropuerto de Londres, ya que nada más salir de la zona de recogida del equipaje llegábamos a la zona de salida donde estaban esperando toda la gente por sus familiares que volvían a casa por Navidad.
Salí al pasillo después de empujar a bastante gente para poder salir a una zona donde más o menos mi campo de visibilidad fuera algo mayor. Me giré para comprobar que no había dejado a nadie que conociera atrás y que hubiera venido a buscarme. Y no lo hice. ¿No habían venido ni a recogerme?
Dí una vuelta sobre mí misma para poder ver todo el aeropuerto y vi dos figuras familiares a unos pocos metros de mí.
- Serás idiota, seguro que creías que no habíamos venido a por ti. - dice una voz masculina que había estado siempre conmigo. Yo vi como esa voz fue haciéndose más grave cada vez y cómo esos hombros fueron haciéndose más anchos. Y como mi pequeño Simon se transformó en mi Simon.
Por primera vez en todo el viaje dejé la mochila en mitad del aeropuerto y corrí hacia los brazos que estaba abiertos delante mía. Salté a ellos como si llevara esperando muchísimo tiempo para poder hacerlo y al instante me rodearon fuertemente.
Él no dijo nada, simplemente se quedó así, abrazándome porque era lo que más necesitaba en ese momento. Tenía los pies de puntillas y a veces quedaban colgando, la cara enterrada en sus hombros y los brazos unidos rodeándole el cuello. Volvía a notar su olor característico a una colonia cualquiera, dudo que él mismo conociera su nombre, pero siempre llevaba la misma desde que cumplió los 14 años. Y esa colonia se mezclaba con el olor de su After Save, dándole el olor a Simon. Cómo lo había echado de menos.
- Simon, no sabes como te he echado de menos. -digo con la cara aún hundida en su jersey.
- Y yo a ti. Te necesitábamos ya por aquí.
Oigo como alguien carraspea a mi lado.
- ¡Grace! - salto de los brazos de Simon para abrazarla. - A ti si que llevo tiempo sin verte. ¿Qué tal estás?
Seguimos hablando abrazadas. Grace y yo teníamos una relación muy buena, pero Simon era como el hermano que nunca tuve. Quiero decir... tenía a Matt, pero él tenía ya casi sus buenos 28 años, con pareja y casi trabajo fijo. Como todos los hermanos, al principio no nos llevábamos lo que se dice muy bien, pero fuimos soportándonos con el tiempo. Había crecido con Simon y por eso era una parte tan esencial en mi vida. Luego llegó Grace y ampliamos el círculo.
- ¡Genial! La verdad es que aquí hay poca cosa que contar, ya sabes. La misma gente de siempre, las mismas clases, los mismos lugares... Pero tú, ¡Tú has estado en Londres! Pese a que me has contado cosas por teléfono tienes que darme todo lujo de detalles. - Dijo entusiasmada por la idea.
- Claro, tenemos muchos días para hablar. Y hay muchas cosas que contar... - solté por lo bajo.
Simon se acercó con mis cosas, que había dejado tiradas en el suelo.
- Bueno, creo que ya podemos irnos a casa. - Dice poniéndome la mano en la espalda para empujarme suavemente hacia la salida. - Tus padres están en casa esperándote, han preparado una especie de fiesta sorpresa.
Salimos del aeropuerto y solo había unos cuantos coches en el aparcamiento. Si hubiera estado en Londres tendría que haber andado como mínimo 10 minutos hasta haber encontrado una plaza de aparcamiento. Supongo que estas semanas me servirán de relajación y tranquilidad.
- Un momento, si me lo dices ya no es una fiesta sorpresa ¿no? - digo mientras lo miro con la ceja alzada.
- Bueno, como sé que odias las sorpresas... quizás sea un breve regalo adelantado. - Dijo guiñándome un ojo.
¿He dicho ya que adoro a Simon?


A duras penas consigo sacar mi maleta del escondrijo al que llaman... ni siquiera se como llaman a este lugar. Gracias a dios no le he dado a ninguna persona en la cabeza, aunque bien me hubiera gustado dejarla caer "accidentalmente" en la cabeza de las dos chicas que había detrás de mi asiento que se habían pasado todo el vuelo cuchicheando. Ya me gustaría a mí que mi maleta hubiera caído en ese montón de extensiones, maquillaje y silicona.
Camino a lo largo del pasillo hasta llegar a la puerta para salir del avión y me despido del azafato que había en la puerta. Antes de salir me miró sacudiendo la cabeza, quizás porque había sido la última en entrar al avión y no habían encontrado sitio para mi maleta, por lo que han tenido que mover varias para colocarla. ¿Quién iba a saber que no iba a haber sitio?
Cuando consigo salir del aeropuerto encuentro a mis padres, a los que únicamente llevaba sin ver 1 día, esperando angustiados en la salida.
- Mamá, llevamos menos de 24 h sin vernos. ¿Cómo puedes estar nerviosa? - Digo mientras entro en el coche de mi padre. La última vez que llegué al aeropuerto de Dublín cogí un taxi para llegar hasta mi casa, pero supongo que esta vez es mucho mejor que me recojan mis padres.
- Es que a mí, estos viajes así tan repentinos no me gustan nada. - puso los ojos en blanco para dar mayor énfasis.
Después de llegar a casa y cenar, subí a mi cuarto a ponerme el pijama para bajar después a ver una de las típicas películas familiares de las cuales mi padre era fanático. Rebusqué entre la maleta el pijama que había metido en la maleta para usarlo en casa de Niall y que al final no usé. Sentí como me sonrojaba cuando recordé el porqué. Cuando dí con él, me lo enfundé y fui al cuarto de baño a lavarme los dientes con el recordatorio de la noche anterior todavía en la cabeza.
Me miré al espejo y fue como si viera desde una pantalla la escena de anoche, pero lo mejor de todo es que podía recordar cómo se sentía. Recordaba los besos en el cuello, los labios... toqué mis labios para asegurarme de que no había otros sobre ellos porque el recuerdo era tan vivo que parecía real.
Sacudí la cabeza para salir de mis ensoñaciones cuando caí en la cuenta de que me había pasado exactamente lo mismo en el baño de Niall. Me quedo absorta mirando mi reflejo, como si este fuera otra yo que me dice exactamente lo que pienso pero ni yo misma me atrevo a decir.
Y entonces algo, como una chispa saltó en mi cabeza.
Casi sonó el "clic".
Recordé lo que había en el cajón de debajo del lavabo de Niall.
Recordé la cajita que estaba intacta justo unos minutos antes de que fuera a su habitación.
Miré de nuevo el reflejo de mí misma en el espejo, era yo, pero mi cara estaba mucho más pálida que hace escasos minutos. Mas bien horrorizada.
Volví a recordar la cajita azul, y fue entonces cuando recordé que la había dejado en el baño.
Lo único que no recordaba es que esa misma caja estuviera presente en el momento necesario.
Solté un gemido ahogado mientras seguía mirándome al espejo y cogí el móvil sin apartar la vista de él. Marqué el número que necesitaba, aun en estado de shock y esperé los pitidos al otro lado de la línea.
Pii.
Parecía que cada pitido duraba más y más con respecto al siguiente.
Pii.
Y lo peor de todo era que cada vez estaba más segura de lo que me preocupaba.
Pii.
Y descolgaron al otro lado. No se ni siquiera qué dijo la otra persona al otro lado, pero cuando comprobé que era la voz de la persona correcta, lo solté sin más.
- Niall... - toda la sangre se me había ido de la cara. La chica de mi reflejo parecía estar apunto de desmayarse. - ...tenemos un problema.

6 comentarios:

  1. LA TIENES Q SEGUIR! ESTA HERMOSA ;)

    como estas? no comentaba hace mucho tiempo jaja :3

    te quedo hermoso el blog, pero creo q le falta un pocito de color :)

    Besoooos xx

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    1. Claro que la seguiré cielo, y no importa lo importante es que has vuelto jajajaja
      Es que este diseño no permite más colores, es minimalista jajaja pero a mí me gusta
      Muchisimas gracias <3

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  2. Hola :D, yo otra vez, me encanto el cap, síguela :) pronto jajaja.

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    1. Jajajajaja Muchas gracias cielo de verdad. Me alegro de que te guste :)

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    2. Si, linda enserio me encanta, de corazón eres una gran escritora, cunado la sigas me avisas, ah y tambien me pasaba para avisarte que ¡¡YA SUBÍ CAPITULO!!, léelo ( http://xnovelasdeonedirectionytusummerlovex.blogspot.com/2014/08/cap-6-sleepover.html ) y si puedes comentas me agradan los comentarios jajaja.
      besos♥♥

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  3. Muchísimas gracias cielo, ya me pasé por tu novela ;)

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