¡Raindrops en Wattpad!

Capítulo 41: Fear.

Llevaba alrededor de diez minutos sentada en el filo de la cama con los dedos de las manos enterrados en mi pelo y los codos apoyados en las rodillas. Mis manos sujetaban mi cabeza mientras sostenía el móvil como podía con el hombro. No me había molestado en encender la luz, por lo que el cuarto estaba sumido en una leve oscuridad.
            -         ¿Has ido a la farmacia a por algunas pastillas o algo así? – la voz de Niall sonaba aún más grave desde el otro lado del teléfono. Podía notar perfectamente su tono de preocupación, y imaginar su forma de echarse el pelo hacia atrás cada vez que estaba incómodo.
            -      No. Te he llamado para asegurarme primero de que no lo habíamos usado. – me aprieto las sienes para intentar aminorar el dolor permanente de mi cabeza.
            -          No puedo creer que no me pusiera el maldito condón.  – farfulla él-. Tú al menos tienes excusa, no lo habías hecho antes ¿pero yo?
            -          Niall, tanto tú como yo tenemos culpa. Yo también sabía perfectamente lo que teníamos que hacer y no lo hice.
Mis padres me habían llamado múltiples veces desde la planta baja esperando para que viéramos la película. Les había dicho que empezaran a verla sin mí porque no estaba en condiciones de bajar en estos momentos.
-          Hay una farmacia en el pueblo, pero no sé si la pastilla hará efecto después de un día. – Sentía como cada vez aumentaba el peso que caía sobre mis hombros y solté un quejido amargo.
-          Tranquila. Mañana mismo voy para allá. – aseguró. – Tenemos que asegurarnos de que todo está bien.
Me recuesto sobre el colchón de mi cama con los ojos cerrados. “Menudo problema.” Me replica mi subconsciente desde el otro lado del teléfono. Parece mentira que seamos adultos y que cada día lo expliquen en todos lados. ¿Cuántas veces me habían advertido mis padres de ello? Joder, no somos conejos en celo, podíamos haber esperado unos segundos para ir a por la maldita caja.
Salgo de mi lucha interna y recuerdo que Niall sigue al otro lado del teléfono. Supongo que él también comparte una reprimenda interior consigo mismo.
-          No hace falta. Compraré también una prueba de embarazo. – no creía estar tan asustada, pero cuando pronuncié la última palabra noté como si algo me sacudiera por dentro. No me había mentalizado aún del problema. – Puedo decirte el resultado cuando lo tenga.
Me esforcé bastante por decir aquellas palabras sin que se me quebrara la voz. Mis manos, por el contrario, sufrían breves espasmos. “No estoy preparada para ser madre.”  Esas seis palabras se presentan en mi cabeza y no se van.  Es la pura verdad. No puedo ser madre; si casi me cuesta cuidar de mí misma. Soy un desastre, ¿cómo voy a tener una vida bajo mi responsabilidad en estos momentos?
-          Ni lo sueñes. – ordena  Niall, firmemente. Oigo el portazo de un coche; supongo que acababa de llegar a su piso. – No hagas nada hasta que yo esté allí, contigo.
No dije nada a continuación, más que nada, porque no quería que oyera como se trababa mi voz. Un leve olor a palomitas llegaba desde la planta baja.
-          Helena, estamos en esto juntos. – susurra. Se oye algo de tráfico al otro lado del teléfono, pero mis oídos permanecen atentos a aquellas palabras. – Pase lo que pase no vas a estar sola.
Me quedo sin voz de nuevo. Ya no solo porque no pueda decir dos palabras seguidas, sino porque influyen en mí esas palabras más de lo que esperaba. Me recuerdo a mí misma que mis padres me esperan abajo y que voy a tener que esperar hasta que abran la farmacia mañana a primera hora.
-          ¿Helena? - pregunta con voz suave. Puedo percibir perfectamente que él también está muy preocupado con el tema.
-          Estoy aquí.
-          ¿Estás bien?  - pregunta aún más preocupado.
-          Sí.- miento. No quiero colgar el teléfono, solo quiero tumbarme en la cama y continuar escuchando su respiración al otro lado. Pero no puedo hacerlo. – Niall, mis padres me esperan abajo. No quiero que sospechen nada.
-          Vale, nos vemos mañana. – responde. – Por favor, cuando compres las cosas, tómate la pastilla y espera a que llegue para hacerte la prueba. Por favor.
Me incorporo de la cama y voy hacia el cuarto de baño. Con la llamada y demás he dejado la luz encendida. Estoy pensando en poner algún tipo de excusa para no tener que bajar al salón. Cuando he cortado la luz me he visto la cara; mis padres notarían en seguida que me pasa algo.
-          Está bien, no te preocupes. – añado en un suspiro entrecortado. – Buenas noches, Niall.
Hay un silencio en la otra línea. Ya no oigo el tráfico, por lo que debe de haber llegado a casa. El no tener que hacer nada te da más tiempo para pensar y eso no es bueno.
-          Buenas noches. – responde unos cuantos segundos después. – Te quiero.
Se corta la línea. No sé qué hacer; si me quedo en mi cuarto no creo que pueda dormir. Pero si bajo abajo, me enfrento a la mirada preocupada de mis padres. Decido quedarme en mi cuarto, prefiero fastidiarme yo que fastidiarlos a ellos. Solo espero que no tengan que enterarse nunca de esto.


***


El salón está algo más vacío de gente. Cuando llegué, hacía ya unas tres horas, estaba casi lleno de personas conocidas. Mis padres, junto con algunos familiares, me habían recibido como si llevaran años sin verme, abrazos, besos, pequeñas caricias… Algunos de mis amigos de mi antigua universidad también estaban esperando a que llegara. Me alegra que Simon me hubiera contado que me habían preparado una fiesta.
Estaba apoyada en la repisa de la ventana despidiéndome de los invitados que ya se marchaban. Eran las doce y media de la noche; con lo poco que había dormido la noche anterior, no me extraña que esté tan cansada. Todos mis antiguos compañeros se marcharon al mismo tiempo, supongo que para dejarme algo de intimidad con mi familia. Pero estos también se marcharon unos minutos después.
Simon daba vueltas de un lado a otro; no porque estuviera nervioso, simplemente porque no podía estarse quieto. Nunca ha podido. Supongo que siempre le quedará algo de la hiperactividad que tuvo de niño. Está hablando con los pocos invitados que quedan en la sala, los cuales se disponen a marcharse. Me divierte verlo tan formal y maduro. Está de pie, con la cabeza bien alta y sus anchos hombros impulsados hacia atrás. Nadie diría que tuvo que llevar corsé hace unos años. Sus manos están entrelazadas en su espalda e intercambia pequeñas sonrisas mientras habla con algunos de mis tíos.
Una vez que se han ido todos, sólo quedamos mis padres, Simon y yo en el salón. Grace se fue con los demás porque tenía que recoger a su hermano Christopher. Terminamos de recoger el salón y de dejarlo todo más o menos decente.
- Simon, ¿por qué no han venido tus padres? - pregunto mientras termino de colocar algunos de los platos que ya ha secado él. 
- Están en otro de sus congresos. - responde entre dientes. Con el delantal amarillo de mi madre parece mucho más joven. 
- ¿Otra vez? - como respuesta, recibo únicamente una mueca de "No tiene importancia" por su parte. Pero por la forma en la que sus labios forman una línea recta sé que no es así. 
Los padres de Simon llevaban una especie de empresa de repostería que había conseguido bastante éxito en los últimos años y tenían que asistir a varias reuniones culinarias. Simon siempre había crecido algo alejado de ellos. Cuando éramos pequeños se quedaba a dormir muchas noches en mi casa porque sus padres tenían que viajar ha algún congreso; con el tiempo, podía quedarse él solo en casa, pero seguía viniendo de vez en cuando a dormir conmigo. Creo que la mayoría de los días almuerza solo. Siempre les he tenido un poco de rencor a sus padres por no prestarle atención. 
- No me mires así, Claire. - dice sacándome de mis recuerdos. - Sabes tan bien como yo que son por cuestiones de trabajo. - se desanuda torpemente el delantal y se lo saca por la cabeza. - Además, estoy genial. Es como si vivieras en tu propia casa, sin padres.
Sigo sin creerme ninguna palabra de las que me dice. Cuando era pequeño, entre la hiperactividad y la poca atención que le prestaban sus padres, siempre estaba haciendo trastadas para que alguno de sus padres se molestara en ocuparse de él.
- Bueno, de todas formas te ibas a quedar a dormir aquí ¿no? - sé por la forma en la que había sacado sus llaves de su bolsillo que tenía planeado irse, pero no quiero que se vaya a casa aún; además, tampoco quiero que se quede solo.
- No estaba en mis planes. - contesta entrecerrando los ojos. - Pensaba irme a mi casa.
- Pues pensabas mal. - me acerco un poco a la puerta de la cocina para gritarles a mis padres que acaban de subir al piso de arriba. - ¡Mamá! ¿Se puede quedar Simon a dormir? 
Se oye lo que parece ser un "Sí, claro" de mi madre desde su habitación. Me giro con una mirada triunfante hacia Simon.
- Si lo que querías era dormir conmigo podías haberlo dicho desde el principio. - dice él en broma. Cuando termina de hablar se acerca hasta mí y me sorprende con un abrazo. - Gracias, Claire. 
Ese "Gracias" me suena a que tenía razón sobre que sí le importaba que sus padres no estuvieran en casa.

***

"Genial. Ya vamos por el segundo móvil roto en un año. Mañana tendré que ir a comprar uno nuevo." Pienso mientras dejo mi iPhone completamente empapado y destrozado sobre la repisa de la cocina. Acabo de llegar de las entrevistas. 
Técnicamente habíamos terminado hace unas dos horas, pero había estado dando unas vueltas por Londres antes de meterme en casa. Algunas chicas me vieron caminando por Abbey Road y en cuestión de minutos tuve que salir corriendo de allí. Algunos del equipo de seguridad me ayudaron a escapar a través de Carlton Hill; pero mi móvil calló mientras cruzábamos la calle en un enorme charco que rebosaba de las alcantarillas por las crecientes lluvias. No ha vuelto a encenderse desde entonces y, para colmo, tiene toda la pantalla destrozada.
Son casi las una de la mañana, por lo que hoy es día 30 de diciembre. Estamos a apenas dos días de año nuevo. Miro mi apartamento y me parece demasiado vacío y escaso, pese a que todo sigue en el mismo lugar en el que estaba antes. 
Mis manos se estiran involuntariamente para coger el móvil de la repisa y hacer la llamada que tantas ganas tengo de hacer, pero caigo en la cuenta de que mi móvil es inservible en estos momentos. Me encantaría olvidar la estupidez por la que discutimos y estar sentado con Claire, donde quiera que esté. Podríamos estar viendo una película mientras sigue lloviendo fuera. Nunca me ha gustado la lluvia, pero sé que a ella le encanta. Siempre lo ha dicho. Desde que estamos juntos siempre ha lanzado algún gritito de júbilo cuando veía caer unas cuantas gotas a través de la ventana.
Incluso, aunque yo no sea muy fanático de la lluvia, he llegado a querer que llueva en algunas ocasiones, simplemente porque su entusiasmo se contagia cuando llueve.
Pero ahora, solo y en mi apartamento "aparentemente vacío", no puedo amar la lluvia.
No puedo.

***
"El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura. Por favor, deje su mensaje después de oír la señal"
Es la cuarta vez que la chocante voz robótica del teléfono me responde. 
- Harry, no sé si es que no quieres hablar o que estás demasiado ocupado para contestar al teléfono. En cualquier caso... - no continúo porque, realmente, no tenía pensado lo que iba a decir. Había marcado su número sin ninguna disculpa o conversación en mente; supongo que esperaba que al oír su voz- ... buenas noches.
Colgué el móvil rápidamente cerrando los ojos. Como si eso pudiera disminuir lo ridícula que me siento. Simon seguía en el cuarto de baño, poniéndose el pijama de Matt que siempre utilizaba cuando se quedaba a dormir en casa. Había aprovechado para llamar a Harry, no tenía ni idea de lo que pretendía decirle, pero sentía como si la pelea que tuvimos no significara tanto. Supongo que cuando estás en caliente dices cosas de las que luego te arrepientes y le das importancia a cosas que luego no tienen tanta importancia. Es cierto que me había dolido que dijera que sería más fácil si él saliera con una de esas modelos estúpidas que hacen lo que quiere; pero yo también jugué con él.
No entiendo porqué no coge el teléfono. Él está prácticamente todo el día con su teléfono operativo y lo usa constantemente; no veo razón para apagarlo de repente. A no ser que no quiera que lo llame. O que le haya pasado algo.
- ¿Apago la luz? - susurra Simon desde la puerta. Lleva una camiseta color azul marino a juego con los pantalones a cuadros del mismo color. El pijama de mi hermano había pasado a ser "casi suyo" desde que cumplió los dieciocho. Era el único que le quedaba bien, ya que los que se traía a casa cuando tenía catorce le quedaban muy pequeños.
Asiento con la cabeza mientras coloco el móvil en la mesita de noche. 
Simon se acerca hasta la cama y saca el cajón de debajo de esta que contiene el segundo colchón, en el que siempre se quedaba a dormir. Supongo que es un poco extraño, ya que la mayoría de los padres no dejarían que sus hijas durmieran con un amigo, en la misma habitación. 
Se deja caer sin ningún miramiento sobre el viejo colchón tras colocar la almohada que tenía de represa en mi armario. Su pelo se había oscurecido algo más y ya parecía más castaño que rubio, pero seguía estando completamente alborotado hacia arriba.
- ¿Estabas hablando con Harry? - oigo su voz en la oscuridad, pero no puedo verle. 
- Estaba intentando hablar con Harry.
- ¿Qué pasa? ¿Habéis discutido? 
- ¿Tanto se nota? - frunzo el ceño en la oscuridad pese a que sé que no puede verme.
- No, pero no hablas sobre él con tanto entusiasmo como cuando estás bien.- dice él- Además, te conozco demasiado bien, y no les has dicho nada a tus padres de que vaya a venir.
No les había dicho nada a mis padres de la visita de Harry, básicamente, porque no había ninguna visita. Ya me dejó muy claro que no pretendía venir en Navidad. No sé si es por el trabajo, pero estoy segura de que les dejarán al menos dos días libres por año nuevo. Pero, si no es por eso, ¿por qué? No creo que sea por el miedo al compromiso, porque él fue el que insistió en que conociera a sus padres.
- Hemos tenido una pequeña discusión sobre tonterías. - digo finalmente.
- Entonces, ¿por qué no lo arregláis?
"Buena pregunta" dice mi subconsciente. Empiezo a odiar a la pequeña Claire que tengo metida en la cabeza.
- Supongo que porque ninguno hemos dado nuestro brazo a torcer - añado-. Y cuando yo lo hago, él está "apagado o fuera de cobertura" -digo imitando la voz de la máquina telefónica con algo de enfado.
- Quizás sea porque eres demasiado orgullosa. - dice Simon y sé por su tono de voz que está sonriendo.
- Se supone que tienes que apoyarme a mí, capullo.
- Lo haría. - toma una buena bocanada de aire-. Pero me compadezco de cualquier hombre que se enfrasque en una relación contigo. Tengo que darle un poco que apoyo al chaval.
Sé que lo está haciendo para enfadarme pero me hace gracia la forma en la que pronuncia las palabra con cierto tono de obligación detrás.
- Eres idiota, lo sabes ¿no? - contesto.
- ¿Ves? Los hombres que se encuentran a tu alrededor necesitan protección. 
Para que se piense bien sus palabras le tiro el cojín que tengo bajo la cabeza desde mi cama. Por el quejido que suelta, sé que he acertado de lleno.
- Buenas noches, Simon. 
Toma unos segundos para recuperarse.
- Lo arreglaréis, Claire. - añade algo más serio-. Buenas noches.

***
Son las nueve menos diez de la mañana. Llevo más de una hora despierta. Strawberry Beds está completamente dormido salvo por algunos coches que pasan desapercibidos por la carretera y algunos ancianos que salen a dar su paseo matutino. No me extraña que nadie salga a la calle ya que posiblemente hacen unos tres o cuatro grados bajo cero, como mucho.
Bajo mis ojos está el claro signo de que no he pasado una buena noche. Por más que intentaba no darle vueltas al tema no podía dejar de pensar en lo mismo. Giraba de un lado a otro de la cama y me colocaba de todas las posturas posibles e imposibles, pero no conseguía dormirme. Finalmente, al rededor de las tres y media de la mañana el sueño consiguió vencerme; pero esta mañana estaba en pie antes de las ocho. Algo no muy común en mí.
Mis padres seguían dormidos cuando he bajado al piso de abajo para tomar un vaso de leche, ya que no me entraba nada más. Era mejor así, no quería que se preocuparan por mí. Yo, ¿levantándome innecesariamente a las ocho de la mañana y sin que nadie me obligara?... seguro que me asaltarían a preguntas. Me dijeron que iban a comprar las cosas para la comida de año nuevo, por lo que posiblemente no volverían hasta la tarde. Mucho mejor.
- Buenos días - dice una voz femenina haciendo que me gire-. ¿Está esperando para entrar?
Una mujer de unos cuarenta y cinco años está subiendo la persiana de la farmacia. Tiene el pelo como si acabara de salir de la peluquería; lleva bastante maquillaje y una excesiva cantidad de abalorios como colgantes y anillos en el cuerpo. "¿Quién se arregla tanto para ir al trabajo?" Pensé mientras contemplaba como abría la puerta y encendía las luces. "Si por mí fuera, iría al teatro en vaqueros y sudadera."
- Sí, -respondo mientras atravieso la puerta que ella está abriendo para mí-. Gracias.
La mujer se coloca detrás del mostrador, cubierto de cajas de fármacos, y se adentra en una pequeña habitación. Al cabo de unos minutos, sale enfundada en una bata blanca y lleva colocadas unas pequeñas gafas en el puente de la nariz.
-¿En qué puedo ayudarte?
Me cuesta bastante pensar en una respuesta mientras tengo esos grandes ojos marrones que me miran fijamente. Sé que cuando pida lo que estoy a punto de pedir me llevaré una mirada de reprimenda, como si fuera mi madre.
- Querría unas cuantas píldoras... - "ahí vamos"- del día después.
Ella, por su parte, alza su delgada ceja que forma un perfecto ángulo de sesenta grados y se aleja a una estantería que hay en el pasillo de la izquierda sin decir ni una palabra.
- Aquí tienes.
Extiende un paquete blanco con algunas líneas azules y amarillas; en el centro está escrito un nombre científico con letras negras que no alcanzo a entender. Ni siquiera sabía que venían en cajas como los medicamentos normales. Patético.
- Gracias.- añado mientras hago algo de tiempo para no pedir la siguiente cosa.
- ¿Quieres algo más?- pregunta. Su ceja continúa alzada.
"¿Preparada para la mirada decepcionada?" dice una vocecita desde mi cabeza.
- Querría una prueba de embarazo.- digo con cuidado.
"Aquí la tienes" La mujer pretende ser profesional, pero capto perfectamente la mirada severa que me ha lanzado antes de darse la vuelta y dirigirse, esta vez por el pasillo central.
Tarda apenas un minuto en volver con un pequeño paquete totalmente plano con una especie de termómetro en el centro. Sé perfectamente lo que es un test de embarazo. Lo he visto en películas y todos son más o menos iguales. Todos varían entre dos colores; uno te puede dar un hijo y otro, en mi caso, te puede dar una alegría.
-¿Sabes cómo usarlo?- pregunta la mujer una vez que se coloca en frente mía. No debo tener cara de experta, porque continúa explicándome-. Lo ideal para estos casos es que hagas la prueba al levantarte, cuando la orina es más concentrada. ¿Ves estos dos círculos de aquí? En uno siempre hay una barra en medio, pero en el otro no- me señala dos pequeñas pantallas con forma de circulo-. Si cuando viertas tu orina en ella aparece una barra en la pantalla que está vacía, el test es positivo. Si no, no estás embarazada.
Vale, quizás mi felicidad no dependa de dos colores sino de que aparezca o no una maldita barrita en el pequeño círculo del test.
-Está bien- digo mientras pongo el dinero en la vitrina-. Gracias.
-Suerte.- se despide ella.
Supongo que debe de haber visto mi cara de esperanza para que el test de negativo. ¿Quién querría tener un hijo a mi edad? Realmente, nunca me han gustado los niños. Lloran todo el tiempo y requieren todo tipo de atenciones. No, definitivamente no puedo tener un hijo.

Vuelvo a casa al rededor de las diez de la mañana. He estado dando vueltas para llegar más tarde a casa y darles tiempo a mis padres para que se vayan. No quiero tener que dar ninguna explicación, aunque sé que más tarde tendré que dársela. Solo espero que cuando lleguen no tenga ninguna noticia indeseada que comunicarles.
Cuando llego, afortunadamente y como esperaba, mis padres se han ido. Aprovecho para tomarme la pastilla. He visto en las referencias que es efectiva hasta las 72 horas, pero que pierde efectividad conforme tardas en tomártela. Teniendo en cuenta el tiempo que yo llevo... tendrá una efectividad del 60% pero no quiero arriesgarme a tener que cargar con el odioso 40%.
Sé que Niall dijo que lo esperara, pero tengo una terrible necesidad de acabar con esto de una vez por todas. Siempre he sido bastante independiente, nunca he necesitado a nadie a mi lado para salir a delante. Pero si el resultado es positivo, no soy a la única a la que afecta. Decido esperar más por respetar la petición que me hizo prometerle anoche. Pero me encantaría conocer la respuesta.
Sin darme cuenta, estoy con el teléfono en la mano, marcando un número de teléfono que sin pretenderlo he memorizado. Últimamente me estoy familiarizando bastante con llamar a este número.
-Helena,-dice con voz preocupada- dime por favor que aún no te has hecho la prueba.
Su tono de súplica me hace sentirme culpable por haber querido dejarlo atrás antes y hacerme la prueba sola.
-No, tranquilo- intento que se calme-. Esperaré a que llegues para hacérmela.
Espero que no tarde mucho, porque la mujer de la farmacia ha dicho que es recomendable hacérsela recién levantada y como yo aún no he ido al baño, puedo hacerla ahora y así estar todavía más segura.
-Está bien.- parece mucho más aliviado-. Estaré allí en media hora como mucho.
-Niall, son las diez y media. Es temprano.
-Estoy conduciendo desde Dublín, solo me queda medio trayecto.- puedo oír el rugido del motor de su coche, por lo que no me hace falta nada más para confirmar lo que dice.
-Entonces, ¿has tenido que levantarte temprano?
Sé perfectamente que ayer llegó tarde de las entrevistas, al rededor de las una. Además, estuvimos hablando hasta tarde, más luego el tiempo que tardara en dormirse. Que por su tono cansado, adivino que tampoco ha podido dormir mucho.
-A las ocho estaba saliendo para el aeropuerto.- contesta con voz áspera.
-Niall, no era necesario.- Añado-. Sé que ayer te acostaste tarde después de haber estado trabajando, no deberías haber venido tan temprano. Tenías que estar descansando.
-No podía dormir. A demás, te dije que en cuanto pudiera iba para allá.-su voz se corta un poco por un zumbido continuo en la línea telefónica-. Hay interferencias, en un rato estoy allí. Adiós.
La llamada termina y me siento en el sofá con un extraño cosquilleo en la barriga. Antes no había estado nerviosa; asustada, preocupada... pero no nerviosa. Ahora que se acercaba el momento de la verdad sentía que mi cabeza iba a estallar.
Con el mando del televisor intento poner algún programa que me distraiga mientras llega Niall, y el momento decisivo.


Consigo recordar el camino que lleva hasta casa de Helena; llevo algo de retraso por el tráfico que se ha formado tras un accidente en la autovía. Cierro la puerta delantera detrás de mí y observo la casa de dos plantas de los padres de Helena, con un bonito jardín lleno de margaritas.
Mi mente está algo alejada de mi propio cuerpo; llego a la puerta sin ni siquiera recordar que he atravesado el jardín. Mis nudillos chocan tres veces contra la puerta de madera.
Intento que mi pulso baje, necesito estar lo más sereno posible cuando entre en la casa. Necesito que ella vea que no estoy asustado, pese a que cada fibra de mi cuerpo está tensa por le preocupación. ¿Un hijo? Tengo un trabajo que apenas me permite ver a mis seres queridos; ¿cómo voy a poder cuidar como es debido de otro ser humano? Mis manos se hunden en los bolsillos, más bien para intentar disimular mis nervios. Sé que si las dejo fuera, comenzarán a gesticular sin parar en cuanto empiece a hablar.
La puerta se abre y, con ella, aparece ella. Tiene su incontrolable cabellera rojiza suelta al rededor de su cara; viste unas mallas negras acompañadas de unas converse y una sudadera azul marino con el símbolo de Superman en el centro. Vuelvo a recordar, por enésima vez el porqué estoy enamorado de esta chica. Me dan ganas de soltar una risa despreocupada y comentar su sudadera, pero me contengo.
Mis ojos se posan sobre los suyos y siento que algo se me desquebraja por dentro. Sus grandes ojos marrones están abiertos por completo, contemplándome. Están algo rojos y poseen unas consistentes ojeras bajo ellos. Siento el miedo y la preocupación que esconden sin éxito esos enormes ojos y me esfuerzo por que no capte mi miedo.
La veo tan pequeña, mide unos quince centímetros menos que yo, pero hoy parece mucho más pequeña. Como una niña perdida que pide que la lleven a casa. No puedo contenerme y me acerco a ella rodeándola con mis brazos, como si así pudiera conseguir que encontrara su camino.
-Hola- susurra con voz débil pegada a mi sudadera.
-Hola-respondo.
No hacemos nada más. No me muevo de donde estoy, quiero dejarle tiempo para volver a hablar. Puedo captar, mientras estamos abrazados el olor a coco que desprende su pelo.
Ella se aparta lentamente y tira de mis manos hacia dentro de casa con una expresión triste. Quiero decirle que no se preocupe, que pase lo que pase yo voy a estar ahí, pero no quiero empezar con lamentos.
Nos acercamos al sofá color canela que hay en el centro de la habitación y nos sentamos en él. Helena se acerca a mi, tocando su rodilla con la mía y se coloca el pelo detrás de la oreja antes de hablar.
-Ya he tomado la pastilla,- empieza a decir. Su voz es apenas un susurro-. se supone que hay un porcentaje alto de que haga efecto.
Me doy cuenta de que evita mi mirada y se limita a jugar con sus dedos mientras habla.
-Entonces, en teoría no tiene por qué haber problema ¿no? -añado intentando disminuir la tensión que hay en el ambiente.
-Pero, ¿y si somos ese pequeño porcentaje que falla, Niall?-pregunta mirándome por primera vez desde que hemos empezado a hablar. Sé por sus ojos que las lágrimas se acercan-. No puedo creer que estemos en este problema por una estupidez.
-Helena,- digo con cautela mientras tomo una de sus temblorosas manos entre las mías. Nuevamente parece mucho más joven al ver su pequeña mano.- no puedo decirte con certeza si ese aparato de ahí va a dar negativo o positivo.- Hago una pequeña pausa para pensar en lo que voy a decir-. Pero sí se lo que puede pasar después. Sé que estás preocupada de que el resultado se el que no esperamos, y quiero que sepas que yo también lo estoy. Más bien lo estaba al entrar- me corrijo a mí mismo-. ¿Sabes por qué? Por que no me importa si estás embarazada o no, sigo queriendo estar a tu lado y seguiré deseando estarlo, incluso si te pones como una foca y no paras de gruñir que quieres comida.- me alegra ver que un principio de sonrisa aparece en su boca.- En cualquier caso, voy a estar ahí. Además, seríamos unos padres alucinantes.
Hago una pequeña pausa para tomar aire.
-Pero eso no lo sabemos aún. Puede que todo esto sea un mal trago que estamos pasando y que nos servirá para ser más precavidos en un futuro. Por lo que podrás contarle esta historia a nuestros hijos cuando sean adolescentes para que ellos no practiquen sexo hasta los treinta años; o al menos utilicen lo que tienen que utilizar. - Ella suelta una risita, que basta para tranquilizarme.- Así que, coje ese cachivache de ahí y entra en el cuarto de baño con una cosa clara. Estoy aquí, y aquí estaré después.
Noto como su mano se deshace entre mis dedos y cómo sus ojos de llenan un poco de lágrimas, pero las contiene y se levanta decidida con el test en la mano. Sin decir una palabra, se dirige a la puerta de enfrente y antes de cerrarla, me mira. Me alegra ver que ya no hay tanto miedo en sus ojos.
Y se cierra la puerta. Aprovecho para desplomarme en el sofá, alguien tenía que mantener la calma y me ha tocado a mí. Pero sigo teniendo un poco de temor en el cuerpo.
"Ya solo queda esperar" Pienso mientras veo la incesante lluvia cayendo tras el cristal.


4 comentarios:

  1. Lo que esperé este capítulo, Dios mio. Quiero saber cómo sigue.

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  2. Me encanta, estoy deseando leer el siguiente capítulo :)

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    1. Muchas gracias a todas por vuestros comentarios <3

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